Cuencos

Seg√ļn cuenta la leyenda, Izu era un asceta que renunciando a las riquezas del mundo, decidi√≥ encontrarse a s√≠ mimo, se instal√≥ con un cuenco de madera, una cuchara y una vieja t√ļnica en las monta√Īas del Himalaya. En silencio escuchaba y meditaba las palabras invisibles de los elementos. Integrado y concentrando con todos los sonidos que le rodeaban, un buen d√≠a, sinti√≥ que su coraz√≥n crec√≠a en lo m√°s profundo de su plexo solar y vio frente as√≠ un gran drag√≥n amarillo que emerg√≠a de la tierra. Izu, paralizado por el miedo no se movi√≥. El drag√≥n lanz√≥ fuego sobre el cuenco de madera que empleaba para beber llen√°ndolo de un fluido dorado y convirti√©ndolo en un recipiente de pulido metal. El Drag√≥n le dijo: Izu T√ļ eres la persona que mejor ha sabido guardar en su interior los sonidos de la vida y la muerte, del odio y el amor, de la oscuridad y la luz. Por ello en nombre de los dioses del conocimiento, te hago entrega de este objeto capaz de trasmitir las sensaciones m√°s incre√≠bles, capaz de estremecer tu alma y tambi√©n tu coraz√≥n. As√≠ nacieron los cuencos tibetanos y desde hace milenios han sido utilizados, como pr√°ctica habitual, en todos los Monasterios y Lamaser√≠as del T√≠bet Nepal y la India.

A trav√©s de los cuencos armonizamos principalmente el sistema nervioso y el card√≠aco, elevando las defensas del organismo y reduciendo la segregaci√≥n de hormonas relacionadas con el estr√©s, eleva las endorfinas. La onda sonora producida a trav√©s del frotamiento continuo alcanza una nota mantra que se sostiene durante largo tiempo penetrando en la materia y actuando a nivel celular, sintonizando por resonancia y simpat√≠a nos hace vibrar el alma y el coraz√≥n. Tambi√©n act√ļa en el √°mbito del h√°bitat, quebrando estructuras energ√©ticas negativas depositadas en el espacio, rincones y en todo lugar en donde se perciba la energ√≠a estancada o desvitalizada.

Para el practicante de meditación, escuchar el sonido de una campana o cuenco como si fuera el sonido de la propia mente, eleva la frecuencia energética de la persona por resonancia.

Cada cuenco, hecho a mano tiene una aleaci√≥n de siete metales preciosos, produce un sonido √ļnico que nos intriga por su riqueza en tonos arm√≥nicos. Todos son diferentes y su uso depende de sus tonos principales, su tama√Īo y sus vibraciones espec√≠ficas. Facilitan la entrada en estados de paz y de relajaci√≥n profunda (alfa y delta) y ayudan a llegar a una visi√≥n de la vida desde nuevas perspectivas.